Una receta muy antigua: el bacalao lo introdujeron en la Península Ibérica los vikingos en torno al siglo X mientras que el tomate, para llegar a estos pagos, tuvo que esperar a los descubridores españoles hasta el siglo XVI. A partir de aquí poco tendrían que esperar para encontrarse.
Dos buenos compañeros: el bacalao y el tomate. Un buen lomo de bacalao desalado y una buena salsa de tomate son el secreto de esta fácil receta.